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Problemas de conducta y rabietas

Problemas de conducta y rabietas
07. Abr. 2017
Problemas de conducta y rabietas

Todos los niños y niñas se portan mal algunas veces. Las malas conductas y las rabietas forman parte de un repertorio de respuesta normal en la infancia. Sin embargo, sino aprendemos a manejar estas respuestas y ayudamos a los niños y niñas a desarrollar conductas más adaptativas,  corremos el riesgo de que se conviertan en un problema. Cuando los problemas de conducta y las rabietas se extienden pueden generalizarse y convertirse en el modo habitual de actuación. A veces, es complicado manejar estos comportamientos. Las malas conductas y las rabietas se convierten en un duro desafío para muchas familias. 

Las malas conductas

Todos los niños y niñas se portan mal alguna vez. Las malas conductas son parte de su repertorio habitual, ya que todavía no tienen estrategias para responder de manera adecuada a las diferentes situaciones y emociones. Las malas conductas son algo normal, pero que debemos manejar, para favorecer que los niños y niñas puedan desarrollar estrategias para controlar sus malas conductas.

¿Qué se esconde detrás de la mala conducta?

Detrás de la mala conducta hay una emoción difícil que el niño o niña todavía no sabe manejar.

El mal comportamiento infantil aparece cuando hay una necesidad no cubierta (hambre, sueño, atención, afecto, seguridad, confianza, etc.) que da lugar a un estado emocional difícil (tristeza, enfado, frustración, rabia, vergüenza, etc.).  El niño/a no tiene recursos para manejar ese malestar emocional, todavía no ha desarrollado estrategias para ello. Y responde de manera poco adaptativa con una rabieta, o una mala conducta.


El problema de las malas conductas.

Las malas conductas y las rabietas, además de desesperar a los adultos que han de enfrentarse a ellas, pueden convertirse en un problema mayor. Cuando el niño/a no desarrolla estrategias para canalizar su estado emocional y manejar su conducta, aprenderá a actuar con rabietas como manera habitual y éstas se extenderán a etapas futuras. Ante cualquier contratiempo que genere una emoción negativa el niño/a reaccionara con una conducta que no puede controlar y que no es adaptativa. Todo esto puede desembocar en un trastorno de comportamiento y en otro tipo de trastornos en la edad adulta.

¿Qué podemos hacer ante las malas conductas?

No podemos evitar la presencia de necesidades, ni tampoco las emociones difíciles. Las emociones forman parte de las personas y no podemos separarnos de ellas, pero lo que si podemos controlar es lo que hacemos cuando tenemos determinadas emociones. No vamos a poder evitar que el niño/a se sienta mal ante determinadas situaciones, pero si podemos ayudarle a reaccionar de un modo más positivo. 

8 consejos para manejar las malas conductas y rabietas

  1. Mantén la calma. Es normal que ante las malas conductas y rabietas entremos en tensión y perdamos los nervios. Pero es muy importante mantener la calma y evitar tensiones innecesarias que solo sirven para incrementar el problema.
  2. Evita prestar atención a la rabieta o la mala conducta. En su lugar podemos decir al niño/a: “Parece que ahora estas un poco nervioso/a, es normal que estés enfadado/a o nervioso/a, pero cuando te relajes hablamos.” Cuando este más tranquilo reforzamos su esfuerzo.
  3. En lugar de reforzar la rabieta, refuerza las buenas conductas. Utiliza las emociones positivas, cuando haga algo bueno hazle ver que te das cuenta y refuerza con tu atención.
  4. No te lo tomes como algo personal, no es un reto o un desafío que nos hagan a nosotros.
  5. Indaga en lo que hay detrás de la mala conducta, qué emoción hay y ayúdale a entenderla, traduce en palabras lo que siente.
  6. Establece normas y límites claros. Los niños y niñas tienen que saber lo que pueden y lo que no pueden hacer. Las normas tienen que ser claras, concisas y consecuentes, es decir tienen que cumplirse siempre.
  7. Establece también unas consecuencias a las malas conductas o rabietas, no se trata de castigos, sino de consecuencias lógicas a lo que hacen.
  8. Trabaja su inteligencia emocional, ayúdale a identificar y poner nombre a sus emociones. Comprender y aceptar sus estados emocionales es el primer paso para cambiar su respuesta. 


Foto © Annie Spratt

 

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