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5 beneficios de escribir a mano

5 beneficios de escribir a mano
7 de septiembre de 2018

Escribir. Día tras día. Año tras año. Generación a generación.
No se trata de una práctica cualquiera. Es un gesto que todos realizamos –en mayor o menor medida-, y que además, viene acompañado de toda una serie de bondades y aprendizajes que inconscientemente vamos sumando a la forma en que nos desenvolvemos en nuestras rutinas.

Durante las últimas décadas hemos acabado desarrollando nuevos formatos de escritura. Pues el mundo digital (con herramientas como los teléfonos móviles, las pantallas táctiles o los ordenadores), ha hecho palpable una verdad indiscutible: que el paso del tiempo siempre viene acompañado de cambios.

Aumenta nuestra capacidad de retener información

Sin embargo, en esta época de evolución constante, es esencial -y una parada obligatoria- el hecho de recordar la forma en que aprendimos a escribir y el porqué de ello. Así pues, viajemos a través del aprendizaje y conozcamos cuáles son los beneficios de la escritura manual:

1- En primer lugar, el refuerzo de la psicomotricidad fina. Comenzamos nuestras andadas sobre el papel utilizando materiales como el lápiz. Primero, nos familiarizamos con la forma en que lo cogemos. Después, trabajamos los distintos trazos y afinamos las formas. Durante este proceso, que no dura un espacio corto tiempo –sino al contrario-, es importante destacar el pulso que llegamos a lograr.

La evolución que vivimos con la escritura, se ve reflejada a posteriori en otro tipo de situaciones en que las manos también son las protagonistas. Como por ejemplo: en la creación de manualidades, en la soltura con la que cogemos un objeto cotidiano como es un cuchillo o un tenedor, o –a la larga- en cuestiones más profesionales como el pulso que necesita un médico para poder operar a una persona, o también una arquitecta para crear las maquetas previas a sus edificaciones.

2- Por otra parte, escribir a mano también nos ayuda a memorizar. Teclear en un dispositivo o leer en una pantalla puede que nos resulte más rápido y eficiente en el entorno laboral. Sin embargo, está comprobado científicamente que la escritura manual y la lectura de aquello que hemos escrito, aumenta nuestra capacidad de retener información.

3- Además, es destacable que los niños aprenden a leer de forma más rápida si primero han dedicado sus primera energías a escribir a mano. Ocurre que precisamente antes de escribir, el cerebro identifica cada grafía con un gesto a realizar con la mano. De forma que estos gestos que retenemos y activamos de forma constante cuando escribimos (correspondientes a cada una de las letras que ponemos sobre el papel), contribuyen a un desarrollo del aprendizaje más rápido.

4- Cabe destacar que escribir a mano también es compatible con las nuevas tecnologías. Si bien es cierto que estamos acostumbrados a escribir con lápiz o bolígrafo sobre el papel, también existe la posibilidad de hacerlo a través de una tablet. Duplicar los gestos de la escritura y trasladarlos al entorno digital es importante para no perder la activación neuronal que nombrábamos anteriormente. En el caso del aprendizaje de los más pequeños, es relevante el hecho de no perder esta estimulación constante y, de esta forma, poder continuar aprender jugando.

5- Por último, escribir manualmente también favorece la concentración, pues el gesto que reproducimos con la mano nos obliga a prestar una mayor atención a las grafías que estamos imprimiendo sobre el papel (¡o quizás también sobre el dispositivo digital que tengamos entre manos!)

En definitiva, la escritura manual activa más áreas cerebrales

Si haciéramos memoria, fue en el siglo III a. C. (en la época romana) cuando apareció la primera muestra del alfabeto latino. Evolucionaría a lo largo de décadas y siglos, hasta que en la Edad Media los monjes lo actualizaron, incluyendo las minúsculas a las letras mayúsculas originadas durante la época del Imperio Romano. Más tarde, la aparición de la imprenta generaría nuevas tipografías, más allá de la escritura manual de los monjes medievales: lo que supondría una auténtica revolución para la época, comparable quizás a la irrupción de las nuevas tecnologías en la actualidad.

Con los cambios sociales, es indudable que surgen dudas. Pero es importante tener presente que no es obligatorio que –por ende- surjan incompatibilidades. Desde el siglo XVIII la imprenta ha reproducido millones y millones de copias de libros. Y no por ello dejamos de escribir a mano. Los usos de cada una de las técnicas, varían en función de nuestras necesidades. Pero las adaptaciones simplemente suponen nuevas prácticas.

En esta ocasión, está en nuestro campo el hecho de valorar la utilidad de la caligrafía y los beneficios que conlleva continuar utilizando la escritural manual. ¡Larga vida al lápiz, el bolígrafo sobre el papel! 

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