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Cómo afectan las tecnologías al cerebro del niño y niña

Cómo afectan las tecnologías al cerebro del niño y niña
12 de diciembre de 2020

En los últimos años las tecnologías han avanzado rápidamente y se han convertido en una herramienta esencial en nuestro día a día. Es cierto que la sociedad actual está ligada al uso de las tecnologías y, también es cierto que en cierto sentido éstas facilitan algunas tareas y permiten grandes posibilidades de comunicación e información superando barreras de espacio y de tiempo. No obstante, existe una tendencia hacia el abuso de estos medios que conlleva importantes y relevantes consecuencias que debemos conocer y considerar, sobre todo a la hora de guiar a los más pequeños.

Las tecnologías están cambiando los hábitos de la vida diaria en múltiples niveles incluyendo el personal, social, la manera de aprender y de realizar actividades laborales. De modo que estas nuevas herramientas no solo han creado soluciones también conllevan nuevas necesidades y cierta dependencia.

El cerebro del niño/a y las tecnologías

El cerebro de niños y niñas es un cerebro en desarrollo que sigue el ritmo marcado por la maduración biológica, de modo que para que se adquieran determinadas destrezas de desarrollo es necesario que las mismas se apoyen en el nivel de maduración que las hagan posibles.

El cerebro del niño está ligado a una etapa clave de neuroplasticidad que es la base de los desarrollos posteriores y de toda la estructura del sistema nervioso. Las actividades y la estimulación que se recibe en un primer momento va a determinar el tipo de conexiones neuronales y las destrezas que el niño irá desarrollando.

En este sentido es esencial elegir tareas y herramientas de estimulación adecuadas a las características del cerebro. Cuando se introducen herramientas que no se ajustan a la naturaleza del cerebro y a su manera de crear conexiones se pueden producir consecuencias que alteren tal desarrollo.

Las investigaciones recientes al respeto señalan que las tecnologías y su uso en una primera infancia no solo modifica los comportamientos de las personas, sino que también transforman las conexiones neuronales, su pensamiento y determinadas capacidades ya que tienen un impacto directo en el funcionamiento del cerebro.

El impacto del uso de las tecnologías.

Los estudios realizados observando el impacto en niños y adolescentes señalan diferentes impactos:

- La realización de tareas de manera simultánea conlleva dificultades para centrarse en una sola tarea y, por lo tanto, pérdida señalada en la capacidad de concentración y de fijar la atención.

- Se pierde la capacidad de leer y escribir textos largos. El cerebro se habitúa y acostumbra a la inmediatez y todo aquello que supone dedicar un tiempo y esperar genera frustración y dificultades para terminar la tarea.

- En el caso de los niños pequeños el uso de pantallas extendido constantemente en determinadas ocasiones para lograr que el niño se calme, provoca que su cerebro no pueda aprender a esperar, a aburrirse y controlar tal sensación.

- Los niños que pasan más tiempo frente a pantallas tienen un mayor riesgo de desarrollar TDAH, depresión infantil, problemas de conducta, obesidad, etc.

- Las pantallas pueden generar problemas de aislamiento y dependencia a las mismas.

- Por otro lado, se ha de señalar la importancia de desarrollar aspectos psicomotrices y cognitivos (tales como la organización espacio temporal, el conocimiento de palabras, estructuras sintácticas complejas, etc.). que solo pueden desarrollarse mediante el uso del papel

- El exceso de pantallas aleja a los niños del mundo real creando aprendizajes alejados de los mismos.

Educar con las tecnologías.

Las tecnologías están presentes en nuestro día a día, y se ha de contribuir al desarrollo de la competencia digital en niños y adolescentes, pero es esencial diferencia el uso del abuso. Se trata de educar para un uso responsable.

Los educadores, familias y docentes han de procurar el uso de sistemas alternativos y tradicionales que contribuyen a un desarrollo más ajustado a las capacidades naturales e innatas del cerebro.

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Foto © Jelleke Vanooteghem
Foto © Patricia Prudente

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