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Cómo aplicar una disciplina positiva para ayudar a los niños y niñas a crecer emocionalmente sanos

Cómo aplicar una disciplina positiva para ayudar a los niños y niñas a crecer emocionalmente sanos
11 de enero de 2021

Educación y disciplina

La educación de los/las niños/as no es una tarea sencilla, a menudo puede ser complicado lograr que sigan ciertas normas y que aprendan a regular su conducta. Ante esta realidad los adultos aplican modelos de disciplina con los que pretenden educar a los/las niños/as y mejorar su comportamiento. Es cierto que la educación requiere cierta disciplina que ayude a que los niños/as sepan lo que pueden y lo que no pueden hacer, para que entiendan el por qué, para que comprendan las consecuencias de sus actos y, en definitiva, para que puedan ser responsables. La disciplina es esencial sobre todo en los primeros años, ya que necesitan una guía para su conducta, lo cual les aporta seguridad y tranquilidad.

No obstante, es esencial comprender el valor y el sentido de los diferentes tipos de disciplina, así como sus consecuencias en los/las niños/as.

Disciplina punitiva. La disciplina punitiva es aquella que se aplicado tradicionalmente para educar a los/las niños/as. Es un tipo de disciplina basada en el castigo y, que con frecuencia conlleva emociones negativas tales como resentimiento, venganza, rebelión, culpa, rabia, etc. Este tipo de disciplina, aunque en un primer momento puede parecer efectiva, a la larga no lo es y puede generar baja autoestima en los/las niños/as.

Este tipo de disciplina, se ejecuta como una imposición de normas y reglas, sin atender a los sentimientos de los niños/as y sin comprobar hasta qué punto las comprenden o no.

Disciplina positiva. Es un modelo de disciplina basado en el respeto, a través del cual se trata de implicar al/la niño/a, de educarle fomentando el autocontrol y gestión de la conducta y favoreciendo así su confianza y autoestima. Es un método que procura hacer de ellos personas responsables de sus actos y respetuosas con los demás y con su entorno.

La disciplina positiva

- La disciplina ha de ser una herramienta educativa eficaz, un medio para el desarrollo sano y feliz de los/las niños/as, y para ello la disciplina ha de ser positiva.

- La disciplina positiva, es un camino para enseñar a los niños/as a ser autónomos y responsables, se ha de basar en el respeto y cuidar la autoestima, favoreciendo la madurez y no las reacciones negativas.

- La disciplina positiva parte de la comprensión de la naturaleza del/de la niño/a y del respeto a la misma. A través de la misma se trata de hacer que los niños/as entiendan y comprendan el sentido de las normas y sean conscientes de las consecuencias de sus actos. No se trata de hacer que el niño se sienta mal para que deje de hacer una conducta determinada, sino de que comprenda porque está mal llevar a cabo ese acto determinado.

A través de la disciplina positiva se consigue educar niños/as responsables y capaces de actuar en libertad. Sin miedo a castigos, sin resentimientos, y con una sana autoestima. A través de la disciplina positiva se logra educar niños/as emocionalmente sanos.

Con la disciplina punitiva el/la niño/a no comprende el sentido de la norma, si la cumple suele ser por temor a la reprimenda y no por la comprensión del porqué de la misma. Si no se logra dicha comprensión cuando se elimine el factor que le hace temer, es probable que el/la niño/a no tenga una guía adecuada ya que no entenderá las normas y no será capaz ni de analizar, ni de valorar las consecuencias.

Educar con disciplina positiva.

- Entender al/la niño/a. Se trata de que el adulto sea capaz de ponerse en el lugar del/de la niño/a, identificando sus creencias y sentimientos que están detrás del comportamiento. El adulto ha de partir de comprender las razones por las cuales los/las niños/as hacen lo que hacen, esto no significa aprobar las malas conductas, pero sí comprender lo que hay detrás de las mismas. Está comprensión servirá de punto de partida para cambiar creencias y sentimientos y a través de ambos modificar la conducta. Cuando se pretende cambiar la conducta sin analizar el pensamiento y la emoción del niño, es probable que estos se mantengan en el tiempo.

- Servir de guía. Es esencial que el adulto una vez comprendido el proceso cognitivo y emocional del/de la niño/a, le ayude a pensar, razonar y a decidir su comportamiento de forma racional y no solo emocional.

- Actuar como ejemplo. A menudo la disciplina punitiva ha resultado contradictoria para los/las niños/as, ya que se han castigado acciones que los adultos llevaban a cabo, como los gritos. Es esencial tener en cuenta que los/las niños/as aprenden más de lo que ven, que de aquello que les decimos.

- Involucrar al/la niño/a. La toma de consciencia implica sentirse involucrado en los cambios. En este sentido se pueden establecer objetivos de conducta, cambios en consenso con el/la niño/a, para después elaborar un plan conjunto.

- Combinar firmeza con amabilidad y cariño. El truco de la disciplina positiva consiste en saber mantener la firmeza sin dañar al/la niño/a, es decir desde el cariño y la amabilidad.

- Resaltar el valor del dialogo. La disciplina positiva se apoya en el dialogo ya que es el medio para ayudar al/la niño/a a tomar consciencia de sus errores y de su capacidad de mejorar.

- Desarrollar la autonomía y la responsabilidad. Se trata de educar personas que sean capaces de analizar situaciones y tomar decisiones responsables de manera autónoma.

- Enfocarse en las soluciones. Es importante ir más allá del problema o de la mala acción para enfocarse en la solución haciendo al/a la niño/a participe de la misma. Es decir, no se trata de poner castigos sin sentido y sin relación con la mala conducta, sino de solucionar el problema.

- Cuidar la autoestima del/de la niño/a. Para ello es esencial criticar la conducta, pero nunca al/a la niño/a, y cuando sea necesario reñir o castigar hacerlo desde el respeto y sin trasmitir miedos.


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Foto © Janko Ferlič, Markus Spiske

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