Swipe to the right

Cómo educar sin gritos

Cómo educar sin gritos
16 de septiembre de 2019

Cuando tenemos que enfrentarnos a la compleja tarea de educar a un niño, y más aún, si nos enfrentamos al estrés y las exigencias de nuestro día a día, puede resultar fácil perder la paciencia y cometer el error de gritar a los niños.

Las consecuencias de los gritos

Los gritos son muy frecuentes, pero tienen efectos negativos en el desarrollo de los niños. Cuando gritamos estamos generando una tensión que provoca emociones negativas en los niños como miedo, tristeza, rabia, baja autoestima, inseguridades, ansiedad, estrés, ira, agresividad, etc.

Cuando gritamos no solucionamos el problema, ni tampoco corregimos la conducta del niño, simplemente como adultos perdemos el control y descargamos nuestras emociones negativas, como enfado o frustración. Al hacerlo lo único que conseguimos es crear una tensión innecesaria, que con el tiempo deja una huella importante en la personalidad de los niños. Si nosotros no podemos controlar nuestras emociones, los niños tampoco podrán y, esta tendencia se mantendrá en su vida adulta.

Es necesario eliminar los gritos de nuestro modelo educativo y utilizar pautas basadas en el respeto, que aboguen por un tipo de disciplina positiva.

Educar sin gritos

Educar sin gritos, no siempre es fácil, puede suponer un esfuerzo, pero el cambio será positivo para todos.

  • · Desarrolla la empatía y aprende a ponerte en el lugar del niño
    La empatía nos ayudara a comprender al niño, y podremos ser conscientes de sus necesidades para poder dar respuesta a las mismas. El ejercicio de la empatía nos lleva a comprender al niño y saber por qué actúa así, al hacerlo podemos separarnos del conflicto y comprenderlo como algo no personal. Para desarrollar la empatía con los niños, tenemos que usar su mirada de niño y ponernos en su lugar, pero de verdad, alejándonos de una visión de adultos. Por ejemplo: cuando un niño de 7 años nos dice que está cansado y que no quiere ir al cole, sin empatizar gritaríamos y le obligaríamos a ir al cole. En cambio, si nos ponemos en su lugar podemos comprender sus necesidades, y dar una respuesta más positiva a sus necesidades, así, aunque tenga que ir al cole podrá sentirse comprendido y consolado.
  • · Desarrolla tu autoconcepto y reflexiona antes de actuar
    A menudo, los adultos podemos perder los nervios y gritar. La causa de esta pérdida de control suele ir más allá de la conducta del niño, y aparece como consecuencia de un cumulo de emociones acumuladas. Es importante conocernos a nosotros mismos, detectar las primeras señales y ser conscientes de lo que realmente nos importa y de nuestras verdaderas emociones. Siempre debemos ser conscientes de nuestras emociones, para expresarlas de un modo adecuado antes de gritar a los niños.
  • · Acepta y respeta las emociones de los niños
    Todas las personas tenemos emociones, los niños también, a menudo sentirán miedo, enfado o frustración. Debemos recordar que son niños y que están aprendiendo a identificar sus emociones, y están desarrollando estrategias para controlar las mismas. En este proceso es esencial que el adulto sepa responder a las emociones del niño y acompañarles. No se trata de validar todo lo que hacen, sino de respetar la emoción y mostrar maneras menos destructivas de gestionarlas y expresarlas.
  • · Recuerda el valor del ejemplo
    Los niños aprenden más de lo que ven que de lo les decimos. Si nosotros dejamos de gritar enseñaremos a los niños a no gritar. Si aun así algún día gritas, recuerda que estás educando con tu ejemplo y pide perdón por hacerlo.
  • · Disciplina positiva
    El respeto al niño y sus emociones no ha de confundirse con permisividad. Es esencial aplicar una disciplina positiva, dejando claro lo que se espera de ellos y aplicando consecuencias coherentes. La comunicación con ellos también ha de ser cuidada y positiva, escúchales y explícales cómo te sientes y que esperas de ellos.


Si te interesan más artículos, suscríbete a nuestro boletín mensual. > Suscribirme <

¡Comparte!